El crisol de las izquierdas en México es tan amplio que a veces es confuso, hoy pareciera que mucha gente comparte principios, ideas o propuestas de las izquierdas pero sin asumir un compromiso militante, incluso la sola idea de militar en una organización a mucha banda le genera conflictos.
Ojalá algún día aprendamos a construir en función de las coincidencias, en pleno reconocimiento de nuestras diferencias, de pronto da la impresión de que la gente espera en una persona u organización la perfecta imagen de lo que han imaginado y al darse cuenta que algún elemento no cuadra con su concepción ideal entonces se alejan o peor aún se enemistan.
Un vicio terrible en la cultura política mexicana es el de la acusación fácil o el desprestigio; recurriendo a la falacia "Ad hominem" se descalifica y acusa la mayoría de veces sin presentar una sola prueba, esa actitud facilitará eternamente a la derecha: es muy fácil filtrar un rumor y provocar divisiones.
Muchos casos se presentan de manera alarmantemente cotidiana; a mí por poner el ejemplo más cercano, me han llamado infiltrado (por quien, quien sabe), o han dicho que tengo más edad de la que tengo (y si así fuera ¿mis ideas o esfuerzos valdrían menos? ¿Para qué ocultaría mi edad?). Son cosas tan absurdas que pareciera que no tenemos problemas graves en México. Hoy a mucha gente de las izquierdas se les acusa de traición, yo creo que sólo los actos concretos y las ideas plasmadas pueden reflejar quien tiene un interés ajeno al movimiento.
Casos recientes como el del diputado del PT Orive que votó en contra de la transparencia sindical junto con el PRI y PAN, son la mejor muestra, lo otro es marrullería o una manifestación de lo que Lenin llamaba "la infantil enfermedad del izquierdismo".
Mientras no logremos reflexionar de manera autocrítica sobre nuestro proceder no lograremos articular un programa efectivo en la lucha por la transformación del país.
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